Como se aproximan varias celebraciones de cumpleaños, hoy volviendo a casa mi mente se ha puesto en modo nostálgico.
Qué recuerdos…
Cuando a primera hora de clase veías que alguien venía con un mega bolsón, lleno de bolsas de chuches y empiezas a rezar para que pase el tiempo rápido y llegue el recreo, que era cuando por fin podías disfrutarlas.
Cosas que no fallaban en una bolsa de chuches cumpleañera como Dios manda:
- El chicle:
Generalmente, de fresa. En ocasiones, alternacia entre fresa y menta entre las distintas bolsas.
Por supuesto, marca Boomer ó Chiew. Los chicles de menta ó hierbabuena tipo Happydent aún eran “cosa de mayores” y el que los masticaba era considerado como Héroe. (pasa lo mismo con los caramelos normales y los de eucalipto)
- Los monchitos:
¿Quién no se acuerda de esa bolsa alargada amarilla con un dinosaurio morado? Esos granos de arroz inflado con sabor a ¿jamón? ¿barbacoa? que engullías de una cabezada, porque quien diga que se ha comido una bolsa de monchitos con la mano y de uno en uno, MIENTE. (aparte de seguir comiéndolos todavía y no haber acabado aún con la primera bolsa de su vida)
- Gominolas varias:
Siempre estaban:
- El corazon rojo/naranja con sabor a melocotón (buenérrimo).
- la botella de Coca-Cola (la blanca que tenía azúcar muchísimo mejor que la insípida verde)
- Las fresas, los dedos, el plátano, el huevo, los gusanos y las moras. (siempre juntos)
- la mítica moneda roja, hecha con un material de resistencia y dureza comparable al acero y que sigue intrigando a los científicos de hoy en día.
- El chupa chups:
Desde el original, hasta el de marca Fiesta (sabor a cereza y con chicle dentro), pasando por aquel que era parecido al chicle pero que se podía tragar, con sabor a fresa, el Lolly-pop.
Y si ya la bolsa era pro, tenías un Fresquito, ese combo de chupa-chups y polvos pica pica…
- Bote de pica-pica:
Venía en un recipiente de plástico naranja que simulaba ser una lata de refresco. También decían que tenía sabor a Coca-Cola, pero yo juraría que ante una cata con expertos, no lo distinguirían del polvo de tiza.
- Las mariquitas de chocolate:
El chocolate era mediocre pero… ¿y el colorido y la vidilla que le daban a la bolsa con su envoltorio brillante qué, eh?
- El regaliz de fresa ó tronquito:
Siempre he pensado que fue, junto a los monchitos, un elemento estructural de la bolsa, una especie de columna vertebral.
Gracias a ellos nuestra bolsa de chuches tenía esa forma tetraédrica (piramidal) tan vistosa, pues de lo contrario, con tanta gominola, la sensación táctil hubiese sido la de un pegote de blandiblú, rollo Flubber.
La ingeniería está presente en todas partes.
Seguro que me dejo algo más, pero debéis de saber que la calidad de las bolsas de chuches es directamente proporcional a la imaginación del dependiente y al dinero y ganas de hacer feliz a su hijo que tienen los padres.
